Del exceso de ramas a más fruta: la tecnología que promete cambiar el manejo de los montes frutales del Alto Valle

Una molécula utilizada desde hace años en los principales países productores del mundo acaba de desembarcar en la región. La ingeniera agrónoma Graciela Colavita. Magister en Ciencias Químicas- Orientación Biotecnología , Dra. en Ciencias Agrarias y Forestales explicó cómo funciona esta herramienta que permite regular el crecimiento vegetativo, mejorar la distribución de energía dentro del árbol y reducir significativamente las necesidades de poda.
Audio de la entrevista a la ingeniera agrónoma Graciela Colavita. Magister en Ciencias Químicas- Orientación Biotecnología , Dra. en Ciencias Agrarias y Forestales.
En la fruticultura moderna existe una batalla silenciosa que se libra cada temporada dentro de cada árbol.
Por un lado están los brotes, que crecen con fuerza y demandan enormes cantidades de energía. Por el otro, los frutos, que necesitan esos mismos recursos para alcanzar tamaño, calidad y valor comercial.
Encontrar el equilibrio entre ambos procesos ha sido históricamente uno de los grandes desafíos de productores y técnicos. Y precisamente allí aparece una nueva herramienta tecnológica que acaba de llegar al Alto Valle y que despierta expectativas dentro del sector.
La ingeniera agrónoma Graciela Colavita, integrante de IDC Patagonia, consultora regional especializada en investigación y ciencia aplicada, explicó en diálogo con Agrovalle los alcances de la prohexadiona de calcio, un fitorregulador que permite disminuir el vigor vegetativo de los frutales sin afectar la capacidad productiva de la planta.
«Es una herramienta que el mundo viene utilizando desde hace muchos años y que recién ahora podemos disponer comercialmente en nuestra región», señaló.
Una historia que comenzó hace más de cuatro décadas
Aunque para los productores del Alto Valle pueda parecer una novedad, la historia de esta molécula comenzó hace más de cuarenta años.
Fue descubierta en Japón en 1983 y durante más de una década atravesó procesos de investigación, desarrollo y validación hasta demostrar su eficacia como regulador del crecimiento vegetal.
Su incorporación a la fruticultura comercial comenzó a principios de los 2000 en Estados Unidos y posteriormente se expandió por Europa, Canadá y otros países productores.
En Sudamérica llegó primero a Chile y recién ahora, tras años de trámites regulatorios y evaluaciones locales, desembarca oficialmente en Argentina bajo el nombre comercial Zenitsu.
Lo llamativo es que la región ya conocía su potencial.
Colavita recordó que los primeros ensayos en el Alto Valle se realizaron en 2013 y que los resultados obtenidos fueron altamente coincidentes con los observados en otros países.
«Hicimos evaluaciones durante varias temporadas y los resultados fueron excelentes. Sabíamos que era una herramienta muy promisoria para nuestra fruticultura, pero por cuestiones regulatorias su llegada comercial se demoró muchos años», explicó.
Entender al árbol como una empresa
Para comprender cómo funciona esta tecnología, la especialista propuso una analogía sencilla.
«Podemos imaginar al árbol como una empresa. Las hojas son la fábrica que produce azúcares y esos azúcares tienen distintos destinos: los brotes, los frutos y las raíces. Cuando los brotes crecen demasiado se convierten en grandes consumidores de energía y terminan compitiendo con los frutos», describió.
La función de la prohexadiona de calcio es precisamente intervenir en esa competencia.
La molécula actúa bloqueando parcialmente la síntesis de giberelinas, hormonas vegetales responsables del alargamiento de los entrenudos. Como consecuencia, los brotes reducen su crecimiento, pero la planta mantiene prácticamente intacta su superficie foliar y continúa produciendo los mismos fotoasimilados.
En otras palabras, el árbol sigue generando energía, pero una mayor proporción de esos recursos puede destinarse al desarrollo de la fruta.
«No se trata de frenar el árbol. Se trata de equilibrar los destinos de los azúcares para favorecer al fruto», resumió Colavita.
Menos vigor, más eficiencia
Los efectos son visibles desde la primera temporada.
Los brotes presentan entrenudos más cortos, disminuye el crecimiento vegetativo excesivo y mejora la distribución de luz dentro de la copa.
Esta situación genera múltiples beneficios.
Por un lado, favorece la calidad productiva del monte. Por otro, simplifica tareas de manejo y reduce la necesidad de intervenciones posteriores.
Los trabajos realizados en la región muestran reducciones del material de poda invernal que oscilan entre el 30% y el 40%, pudiendo alcanzar valores cercanos al 50% en montes particularmente vigorosos.
«No reemplaza la poda, pero sí permite disminuir significativamente la intensidad de las intervenciones», destacó la especialista.
En un contexto donde los costos laborales tienen un peso creciente dentro de la estructura productiva, esta reducción adquiere una importancia económica considerable.
También aporta beneficios sanitarios
Los efectos positivos no terminan en el manejo vegetativo.
Al reducir la densidad de brotes y mejorar la entrada de luz, se generan condiciones menos favorables para el desarrollo de enfermedades.
La mayor ventilación interna disminuye la humedad dentro de la copa y contribuye a una mejor sanidad general del monte.
Además, investigaciones recientes indican que la molécula podría estimular mecanismos naturales de defensa de la planta mediante la producción de flavonoides, compuestos asociados a respuestas frente a determinados patógenos.
Existen incluso estudios internacionales que muestran resultados alentadores frente al fuego bacteriano, una de las enfermedades más preocupantes para la fruticultura mundial.
Una herramienta que llega en un momento clave
La llegada de esta tecnología encuentra a la fruticultura regional atravesando una etapa en la que cada mejora de eficiencia puede marcar diferencias importantes.
Frente al aumento permanente de costos, la necesidad de optimizar mano de obra y la búsqueda constante de calidad productiva, disponer de herramientas que permitan gestionar mejor el vigor de los montes aparece como una alternativa de gran valor.
Por eso, más que un nuevo producto comercial, la incorporación de la prohexadiona de calcio representa la posibilidad de sumar una herramienta estratégica al manejo moderno de perales y manzanos.
Después de más de una década de ensayos locales y quince años de espera para su aprobación comercial, el Alto Valle finalmente comienza a disponer de una tecnología que gran parte del mundo frutícola ya considera parte de su manejo habitual.
El desafío, ahora, será trasladar ese conocimiento a los montes y convertir el potencial de la herramienta en resultados concretos dentro de cada chacra.










