Sucesión generacional en la fruticultura: el desafío de heredar mucho más que una chacra

La ingeniera agrónoma y productora reginense Laura Mihaljevic reflexionó sobre uno de los temas más sensibles para el futuro del Alto Valle: quiénes continuarán produciendo alimentos cuando las generaciones actuales ya no estén. Entre la pasión por la tierra, la necesidad de rentabilidad y el avance urbano sobre las chacras, planteó una mirada profunda sobre el presente y el futuro de la actividad.

iAudio de la entrevista a la ingeniera agrónoma Laura Mihaljevic.

La fruticultura del Alto Valle enfrenta numerosos desafíos. Los problemas de competitividad, la presión de los costos, la incertidumbre económica y la pérdida de superficie productiva forman parte de una agenda conocida. Sin embargo, detrás de todos esos factores emerge una pregunta aún más trascendente: ¿quién continuará produciendo cuando los actuales productores ya no estén?

La discusión sobre la sucesión generacional dejó de ser un tema secundario para convertirse en una cuestión estratégica. No se trata solamente de transferir una propiedad o una empresa familiar. Se trata de transmitir una cultura de trabajo, una identidad productiva y una forma de entender el territorio.

En ese contexto, la ingeniera agrónoma, productora y empresaria de Villa Regina, Laura Mihaljevic, aportó una visión tan realista como esperanzadora durante la entrevista con Agrovalle.

Lejos de los diagnósticos fatalistas, sostiene que todavía existe una nueva generación interesada en la actividad, aunque advierte que las condiciones para asegurar esa continuidad deben construirse ahora.

La decisión de quedarse

Mihaljevic forma parte precisamente de esa generación que eligió regresar y permanecer vinculada a la producción.

«Yo decidí quedarme en la actividad y en la zona. Porque una cosa es volver y otra es volver para hacer lo mismo. Somos amantes de nuestro lugar y de esta forma de vida», explicó.

Desde su experiencia observa señales alentadoras, particularmente en la zona de Villa Regina, General Enrique Godoy e Ingeniero Huergo.

«Hay muchos jóvenes que están tratando de volcarse a la fruticultura. Algunos vienen de familias frutícolas y otros no. Yo noto que hay un recambio fuerte, sobre todo en esta zona», afirmó.

Su percepción contrasta con una visión instalada desde hace años que plantea una fuga generalizada de jóvenes del sector productivo. Para Mihaljevic, el fenómeno es más complejo y presenta matices territoriales que merecen ser analizados.

Más de veinte años de crisis dejaron huellas

Sin embargo, la profesional reconoce que el problema sucesorio no puede entenderse sin observar el largo deterioro económico que atravesó la actividad.

«La fruticultura no está mal desde hace un año o dos. Hay un punto de inflexión desde hace más de veinte años», señaló.

Esa experiencia acumulada por las familias productoras influyó inevitablemente en las decisiones de muchos hijos y nietos de chacareros.

«Muchos jóvenes dicen: yo no quiero pasar lo mismo que pasó mi papá, mis tíos o mis abuelos. Y a veces uno tampoco quiere que las nuevas generaciones repitan esas experiencias», reflexionó.

Sus palabras revelan una realidad silenciosa: durante décadas la crisis económica no solo afectó balances empresariales, sino también expectativas familiares y proyectos de vida.

Heredar una visión, no solamente la tierra

A lo largo de la conversación apareció una idea central: la sucesión no puede limitarse a una transferencia patrimonial.

Para Mihaljevic, el verdadero desafío consiste en transmitir motivaciones.

«Creo que pasa más por la motivación, por ver una luz al otro lado. Es una forma de vida y una elección de vida», sostuvo.

La Ingeniera considera que trabajar la tierra ofrece valores difíciles de encontrar en otros ámbitos laborales.

«Caminar la chacra, producir, ser independiente, ver crecer lo que uno hace… todo eso tiene un valor enorme», expresó.

Pero también reconoce que la actividad exige convivir con riesgos permanentes.

«Cae piedra, aparecen problemas económicos, las cosas no salen como uno esperaba. Todo eso forma parte del quehacer productivo.»

La amenaza silenciosa: cuando las chacras se transforman en barrios

Uno de los momentos más contundentes de la entrevista llegó cuando se le preguntó qué siente al observar chacras históricas que desaparecen.

Su respuesta fue tan sincera como reveladora.

«Me parte el alma», afirmó.

Sin embargo, aclaró que el abandono por falta de continuidad familiar le genera menos preocupación que otro fenómeno que considera mucho más grave.

«Cuando avanza la población y los barrios sobre tierras productivas, eso me da mucho más pena.»

La ingeniera planteó una discusión que atraviesa a todo el Alto Valle y que muchas veces queda relegada frente a otros debates coyunturales.

«Lamentablemente tenemos un avance urbano sobre las chacras. No tengo nada contra la urbanización, pero que avance hacia otros sectores, no sobre las tierras productivas.»

Desde su mirada, la pérdida de superficie agrícola implica mucho más que un cambio de uso del suelo.

«Estamos en una era donde hay más habitantes y más necesidad de alimentos. Somos excelentes productores de alimentos. Es una pena que una tierra productiva termine cubierta por viviendas.»

La frase resume una preocupación creciente en numerosas localidades valletanas donde la expansión urbana avanza sobre algunas de las mejores tierras agrícolas del país.

Tecnología sí, pero sin reemplazar la experiencia

Consultada sobre el papel de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, Mihaljevic se mostró abierta a la innovación, aunque remarcó los límites que existen cuando se habla de producción agropecuaria.

«La experiencia es irremplazable. El día a día, la prueba y error, eso no lo puede reemplazar ninguna inteligencia artificial.»

No obstante, considera que la incorporación tecnológica resulta indispensable para la supervivencia del sector.

«Todo lo que nos permita ser más eficientes hay que usarlo. Drones, nuevas herramientas, nuevas formulaciones, nuevas tecnologías de producción. Todo suma.»

Incluso advirtió que la fruticultura regional todavía mantiene un atraso significativo respecto de otros polos productivos internacionales.

«Estamos atrasados respecto de países como Chile. Y cuando uno ve lo que existe en Europa, en ferias como Macfrut, entiende que todavía nos falta muchísimo por incorporar.»

Empresas familiares: el valor del orden

Otro aspecto clave del recambio generacional aparece dentro de las propias empresas familiares.

Para Mihaljevic, muchas veces el problema no es la falta de sucesores sino la ausencia de reglas claras.

«Una empresa familiar tiene que funcionar igual que cualquier empresa. Tiene que haber pautas, límites, objetivos y normas claras.»

Considera que los conflictos entre generaciones suelen originarse cuando no existe una estructura definida.

«Hay principios y valores que no deben romperse nunca. El orden es fundamental.»

La observación adquiere especial relevancia en una región donde gran parte de las explotaciones productivas continúan organizadas bajo esquemas familiares.

Motivar para continuar

Hacia el final de la entrevista, Mihaljevic dejó quizás la definición más importante de toda la conversación.

«Nadie hace las cosas solamente por vocación. Esto tiene que ser motivador.»

La motivación a la que hace referencia no es únicamente emocional.

La productora sostiene que para atraer a las nuevas generaciones la actividad debe ofrecer perspectivas económicas razonables.

«La fruticultura demanda esfuerzo físico, esfuerzo mental y mucha presión. Para que los jóvenes quieran quedarse tiene que existir también una motivación económica.»

Desde su trabajo junto a estudiantes de escuelas agrarias observa una realidad que interpela a toda la cadena.

«Si hacemos una encuesta sobre cuántos van a seguir vinculados al agro, probablemente sean muy pocos.»

Por eso considera que la responsabilidad recae sobre las generaciones actuales.

«Tenemos que ordenar el sistema y motivarlos. Nadie quiere entrar a un lugar donde no sabe hacia dónde va.»

El futuro empieza hoy

La reflexión de Laura Mihaljevic trasciende el debate estrictamente productivo. Habla de identidad territorial, de arraigo y de la continuidad de una actividad que moldeó durante más de un siglo la economía, la cultura y el paisaje del Alto Valle.

La sucesión generacional no se resolverá únicamente con herencias o escrituras. Tampoco con discursos nostálgicos sobre el pasado.

La verdadera continuidad dependerá de la capacidad del sector para construir rentabilidad, orden institucional, previsibilidad y motivación.

Porque detrás de cada chacra existe una historia familiar. Y detrás de cada joven que decide quedarse, también existe una apuesta al futuro.

La pregunta que hoy enfrenta la fruticultura regional no es solamente quién heredará la tierra. La pregunta de fondo es quién estará dispuesto a seguir soñándola.

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