Río Negro ante un cambio estructural: el riego deja de ser una práctica para convertirse en estrategia

La provincia impulsa la tecnificación como eje productivo, en un escenario donde el agua, la energía y el conocimiento redefinen el futuro del agro
Audio de la entrevista al secretario de agricultura de Rio Negro, Ing. Lucio Reinoso.
En el corazón de los sistemas productivos de Río Negro comienza a consolidarse una transformación silenciosa, pero profunda. El riego históricamente asociado a la tradición gravitacional de los valles empieza a transitar un proceso de reconversión que ya no responde a coyunturas, sino a una redefinición estructural del modelo productivo.
Así lo plantea con claridad el secretario de Agricultura, Lucio Reinoso, en diálogo con Agrovalle, al anticipar la jornada técnica sobre riego presurizado que se realizará el próximo 23 de abril en Guardia Mitre. Pero detrás de esa convocatoria, emerge una mirada mucho más amplia: la necesidad de producir más con menos agua, con mayor precisión y bajo nuevas condiciones económicas y ambientales.
Del riego como práctica al riego como sistema estratégico
“Estamos pensando en un cambio estructural, no coyuntural”, afirma Reinoso, marcando un punto de inflexión conceptual. La eficiencia en el uso del agua ya no es solo una mejora deseable: se convierte en una condición indispensable para sostener la rentabilidad y la sustentabilidad del sistema productivo.
El enfoque es claro. No se trata únicamente de incorporar tecnología, sino de redefinir la relación entre agua, suelo y producción. En ese sentido, el funcionario introduce un concepto clave: la productividad del agua.
“Con la misma cantidad de agua, poder producir más”, sintetiza.
Este principio, que articula eficiencia técnica con racionalidad económica, atraviesa toda la política de tecnificación que la provincia busca consolidar.
Un diagnóstico complejo: no hay un único sistema, sino múltiples soluciones
Lejos de plantear recetas uniformes, el diagnóstico oficial reconoce la heterogeneidad productiva del territorio. No existe ni existirá un único sistema de riego óptimo.
Cada decisión depende de variables críticas: tipo de suelo, relieve, disponibilidad hídrica y acceso a energía.
En zonas con condiciones favorables cercanía al río, topografía plana el riego gravitacional sigue siendo eficiente. Pero en áreas con limitaciones físicas o necesidad de expansión productiva, el salto hacia sistemas presurizados se vuelve inevitable.
Aquí aparece uno de los puntos más interesantes del planteo oficial: no se trata de reemplazar un sistema por otro, sino de optimizar todos los sistemas disponibles.
Esto incluye tanto la tecnificación del riego presurizado (aspersión, goteo, bombeo) como la mejora sustancial de los sistemas gravitacionales mediante nivelación láser, manejo de caudales y uso de sensores de humedad.
Tecnología, conocimiento y manejo: el nuevo triángulo productivo
Uno de los ejes más consistentes de la estrategia provincial es la formación técnica. La jornada en Guardia Mitre no será solo un espacio de capacitación teórica, sino una instancia de transferencia aplicada.
La posibilidad de observar sistemas en funcionamiento desde pivotes hasta esquemas mixtos introduce un componente clave: ver la tecnología operando en condiciones reales.
El desafío no es menor. Como reconoce Reinoso, gran parte de la eficiencia no depende solo del sistema, sino del manejo.
Desde la correcta interpretación de pendientes hasta el uso de sensores para evitar riegos anticipados, la profesionalización del productor y del asesor técnico aparece como condición necesaria para capturar los beneficios de la tecnificación.
El salto pendiente: superficie, inversión y financiamiento
Actualmente, la provincia supera las 10.000 hectáreas bajo riego presurizado. La meta es ambiciosa: duplicar esa superficie en el corto plazo.
Para ello, el factor financiero resulta determinante.
El esquema impulsado junto al Consejo Federal de Inversiones apunta a cubrir hasta el 80% de la inversión, con condiciones que según el funcionario no existen hoy en el mercado privado.
El objetivo es claro: destrabar una barrera histórica.
“Durante mucho tiempo no estuvieron dadas las condiciones macroeconómicas para realizar inversiones de largo plazo”, reconoce.
Ahora, con mejores tasas, incentivos fiscales y un entorno más favorable, el gobierno apuesta a acelerar la adopción tecnológica.
La energía como variable crítica
Ninguna discusión sobre riego presurizado puede eludir el costo energético. Aquí, el análisis oficial introduce matices relevantes.
La reciente reducción del IVA en la energía eléctrica mejora la ecuación económica, pero no elimina el desafío. El productor debe evaluar el sistema en su totalidad: costos operativos, mano de obra, automatización y, sobre todo, productividad.
En muchos casos, especialmente en suelos de mayor calidad ubicados en zonas elevadas, el riego presurizado no es una opción, sino una condición para producir.
Y allí, la ecuación cambia.
“Cuando uno analiza la productividad de esos suelos, la capacidad de repago de los equipos es mucho mayor”, explica Reinoso, introduciendo una lógica de inversión basada en rendimiento y no solo en costos.
Suelo y agua: la base de una estrategia de largo plazo
La mirada estructural se completa con otro componente clave: el suelo.
En paralelo a la agenda de riego, Río Negro fue sede del Congreso Argentino de Suelos, un evento que reunió a más de 500 especialistas y puso en valor la diversidad edafológica de la provincia.
Desde suelos aluviales en los valles hasta andisoles en zonas cordilleranas, el territorio rionegrino se presenta como una “biblioteca abierta” que exige conocimiento específico para cada sistema productivo.
La articulación entre suelo y agua, en este contexto, deja de ser un enfoque técnico aislado para convertirse en una estrategia integral de desarrollo.
Un punto de inflexión productivo
La jornada del 23 de abril en Guardia Mitre es, en apariencia, una actividad técnica más. Pero en realidad funciona como síntoma de algo más profundo.
Río Negro comienza a transitar un cambio de paradigma.
Uno donde el riego deja de ser una práctica heredada para convertirse en una decisión estratégica. Donde la eficiencia no es solo una mejora, sino una condición de supervivencia. Y donde el futuro productivo dependerá, cada vez más, de la capacidad de integrar tecnología, conocimiento y gestión.
En ese escenario, la pregunta ya no es si hay que tecnificar, sino a qué ritmo y con qué visión se hará esa transformación.
Y ahí, el desafío recién empieza.








