Peras sostienen el flujo exportador, pero la fruticultura exhibe señales de fatiga estructural

Con Brasil y Rusia en alza, el primer trimestre deja una advertencia: menos volumen total y fuerte retroceso en manzanas
En un escenario que combina dinamismo comercial con tensiones estructurales persistentes, las exportaciones frutícolas del norte de la Patagonia muestran, al cierre del primer trimestre de 2026, una fotografía compleja: las peras logran sostener e incluso mejorar su posicionamiento en mercados clave, mientras que las manzanas profundizan una tendencia contractiva que enciende señales de alerta en toda la cadena.
Los datos oficiales difundidos por el Senasa al 31 de marzo permiten trazar un mapa preciso, pero también obligan a una lectura más profunda: no se trata solo de cuánto se exporta, sino de cómo y hacia dónde se está reconfigurando el negocio.
Peras: resiliencia exportadora con cambios en el mapa comercial
Entre enero y marzo de 2026, las exportaciones de peras de Río Negro y Neuquén alcanzaron las 118.760 toneladas, lo que representa una caída del 5% respecto al mismo período del año anterior. Sin embargo, detrás de ese leve retroceso global emergen movimientos significativos en los destinos.
Brasil se consolida como principal mercado, con 43.420 toneladas enviadas y un crecimiento interanual del 13%. Rusia, por su parte, exhibe una expansión aún más marcada: 22.108 toneladas, con un incremento del 33%.
En contrapartida, los mercados más exigentes y tradicionalmente estratégicos muestran retracción. Estados Unidos redujo sus compras en un 44%, mientras que Italia lo hizo en un 17%. Esta dinámica no es menor: refleja un corrimiento hacia destinos más volumétricos pero, en muchos casos, menos rentables o más volátiles.
Desde el punto de vista del destino de la producción, el 43% de las peras se orientó a exportación, el 11% al mercado interno y el 46% a industria. Este último dato resulta especialmente sensible: casi la mitad de la producción termina industrializada, lo que suele estar asociado a menores márgenes para el productor.
A su vez, del volumen destinado a industria (127.143 toneladas), el 86% fue procesado dentro de la Patagonia, mientras que el 14% salió de la región, un indicador que también habla de la capacidad instalada local, pero también de sus límites.
Manzanas: una caída que profundiza la crisis
Si en peras el escenario es mixto, en manzanas el diagnóstico es claramente contractivo. Durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones totalizaron apenas 12.537 toneladas, lo que implica una caída interanual del 32%.
El retroceso es generalizado en todos los mercados relevantes: Brasil (-30%), Paraguay (-33%), Rusia (-38%) y Bolivia (-10%). No hay, en este caso, destinos que compensen la caída, lo que evidencia una pérdida de competitividad más estructural.
La distribución del volumen también refuerza este diagnóstico: solo el 10% de la producción se exporta, mientras que el 40% se dirige al mercado interno y el 50% a industria. En otras palabras, la manzana ha dejado de ser, en gran medida, un producto exportador para transformarse en un commodity de menor valor relativo.
En términos industriales, el 93% del procesamiento se realiza dentro de la Patagonia, lo que indica un fuerte anclaje territorial, pero también una dependencia creciente de ese canal como salida comercial.
Cerezas y carozo: nichos que crecen, pero aún marginales
El segmento de cerezas continúa consolidándose como una economía regional en expansión, aunque todavía de escala limitada. En la temporada 2025-2026, las exportaciones alcanzaron las 4.466 toneladas, con China, Estados Unidos y España como principales destinos.
En tanto, las frutas de carozo muestran volúmenes reducidos: ciruelas (170,8 toneladas), duraznos (343,9 toneladas) y pelones (138,1 toneladas), con Brasil como mercado predominante. Se trata de producciones con potencial, pero aún lejos de incidir de manera significativa en la matriz exportadora regional.
Más allá de los números: una matriz que se reconfigura
El dato agregado es contundente: mientras las peras logran sostener el andamiaje exportador, las manzanas continúan perdiendo terreno de manera acelerada. En paralelo, crece el peso de la industria como destino de la producción, lo que sugiere un corrimiento hacia eslabones de menor rentabilidad.
Este fenómeno no puede leerse de manera aislada. Se inscribe en un contexto más amplio de costos crecientes, atraso cambiario, tensiones laborales y una estructura comercial que, desde hace años, viene mostrando signos de agotamiento.
La pregunta de fondo, entonces, no es solo cómo cerrar la temporada, sino qué modelo frutícola se está configurando en el norte de la Patagonia.
Entre la inercia y la necesidad de redefinición
El primer trimestre de 2026 deja una certeza incómoda: el sistema aún funciona, pero lo hace con márgenes cada vez más estrechos y con desequilibrios crecientes entre especies, mercados y destinos productivos.
Las peras sostienen, las manzanas retroceden y la industria absorbe. En ese triángulo se juega hoy el presente y, probablemente, el futuro inmediato de una de las economías regionales más emblemáticas del país.
El desafío, como tantas veces en la historia frutícola del Valle, no será solo resistir, sino redefinir el rumbo.







