Cannabis y cáñamo: alto potencial, pero sin mercado, la nueva frontera productiva aún espera reglas claras

El INTA y especialistas del sector advierten que la Argentina ya avanzó en investigación y cultivo, pero la falta de desarrollo industrial y certezas regulatorias frena su consolidación como alternativa productiva

En un escenario donde las economías regionales buscan reinventarse frente a la pérdida de rentabilidad y la creciente presión estructural, el cannabis medicinal y el cáñamo industrial comienzan a instalarse todavía con cautela como una alternativa posible. No como solución inmediata, sino como una apuesta a futuro que exige regulación clara, desarrollo industrial y decisión política.

Ese debate tendrá un nuevo capítulo este 16 de abril en General Roca, donde el INTA Patagonia Norte y la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) protagonizarán un encuentro binacional que busca algo más que intercambiar conocimientos: ordenar una agenda que aún aparece fragmentada.

“La idea es generar intercambios y poner sobre la mesa dónde estamos parados”, explica la Licenciada en biología, Gabriela Calzolari, referente del INTA Alto Valle, en diálogo con Agrovalle.

Un marco normativo en evolución permanente

Desde la sanción de la ley de cannabis medicinal en 2017, el país ha avanzado, pero de manera discontinua. Hoy conviven dos universos regulatorios: por un lado, el esquema vinculado a la investigación y uso medicinal; por otro, la ley productiva que habilita el desarrollo del cáñamo industrial.

“Tenemos normativa, pero todavía en construcción. Hay que adaptarse constantemente porque va cambiando”, advierte Calzolari.

En términos concretos, los proyectos de investigación —como los que lleva adelante el INTA operan bajo la órbita del Ministerio de Salud. En paralelo, la ley productiva habilita licencias para cultivar cáñamo, aunque su reglamentación aún es parcial.

Esa dualidad normativa genera un escenario que, si bien permite avanzar, también introduce incertidumbre. Y allí aparece uno de los puntos más sensibles.

El verdadero cuello de botella: la comercialización

Lejos de lo que podría suponerse, el principal obstáculo no está hoy en la producción ni en la investigación, sino en la fase siguiente: cómo transformar ese conocimiento en mercado real.

“El punto más complejo es la comercialización. Hay desarrollos, hay producción, pero no hay todavía un mercado amplio donde insertar esos productos”, señala la técnica del INTA.

Durante los últimos años, numerosos proyectos públicos y privados lograron avances significativos: se perfeccionaron técnicas de cultivo, se realizaron análisis de calidad y se consolidaron vínculos entre actores del sistema.

Sin embargo, ese progreso encuentra un límite claro:

la falta de una cadena industrial plenamente operativa.

“No tenemos todavía industrias que absorban la fibra de cáñamo, ni un mercado consolidado para productos derivados”, resume.

Dos cultivos, dos lógicas productivas

Uno de los aportes más relevantes del encuentro y del trabajo técnico que lo respalda es clarificar una distinción clave: cannabis medicinal y cáñamo industrial no son lo mismo, ni agronómica ni económicamente.

El cáñamo se cultiva a alta densidad, con plantas que compiten entre sí para desarrollar tallos largos y fibras. Se utilizan tanto plantas macho como hembra, y el objetivo puede ser fibra, semilla o grano.

El cannabis medicinal, en cambio, responde a una lógica completamente distinta: baja densidad, plantas seleccionadas —principalmente hembras y un manejo intensivo orientado a la calidad de la flor, donde se concentran los compuestos de interés terapéutico.

“En cannabis medicinal todo está puesto en la calidad. No se puede usar ningún producto que deje residuos, y eso exige un manejo mucho más cuidadoso y costoso”, explica Calzolari.

El desafío silencioso: semillas y genética

Otro de los puntos críticos menos visible pero determinante es el acceso a material genético.

Hoy, la disponibilidad de semillas de cáñamo en Argentina es limitada y, en muchos casos, depende de importaciones. El proceso, además, es complejo: requiere inscripción en el INASE, evaluaciones del SENASA y un recorrido burocrático que desalienta a potenciales productores.

“El acceso a semillas es también un obstáculo importante”, reconoce la especialista.

Mientras tanto, el INTA avanza en ensayos comparativos de variedades internacionales para identificar cuáles se adaptan mejor a las condiciones locales. Un paso clave para construir autonomía productiva.

¿Diversificación real o expectativa prematura?

La pregunta de fondo y la que atraviesa a muchos productores es si esta cadena puede convertirse en una alternativa concreta frente a la crisis de las economías regionales.

La respuesta, al menos por ahora, es prudente.

“Potencial hay muchísimo. Pero hoy no hay un mercado desarrollado que permita una inserción clara de los productos”, afirma Calzolari.

La comparación con otras experiencias internacionales muestra que el desarrollo del sector requiere tiempo, coordinación institucional y, sobre todo, voluntad política sostenida.

En ese contexto, algunas provincias comienzan a tomar la iniciativa. Mendoza aparece como uno de los casos más avanzados, con normativas propias que facilitan la implementación de proyectos.

Inversión, escala y realismo productivo

Desde el punto de vista económico, el ingreso a la actividad presenta diferencias significativas según el modelo

En cáñamo industrial, el acceso inicial puede ser relativamente bajo incluso con licencias gratuitas para superficies menores a 100 hectáreas, pero aparecen limitaciones tecnológicas, especialmente en maquinaria de cosecha.

En cannabis medicinal, en cambio, la barrera principal no es tanto la superficie sino la intensidad del sistema: mano de obra especializada, control sanitario estricto y, eventualmente, inversión en infraestructura para extracción.

“Lo que más demanda recursos es la mano de obra y el control de calidad. Y si hay laboratorio, la inversión es mucho mayor”, detalla.

Una agenda que excede lo productivo

El encuentro de General Roca no es un evento más. Es, en realidad, una señal de algo más profundo: la necesidad de articular ciencia, producción, política y mercado en una misma conversación.

Porque el cannabis y el cáñamo no representan solo una nueva actividad agrícola. Representan, en esencia, un modelo de desarrollo que todavía está en construcción.

Y en ese proceso, la Patagonia con su tradición productiva y su capacidad técnica tiene la oportunidad de ocupar un lugar relevante.

La pregunta, como siempre, no es solo qué se puede hacer.

Sino cuándo, cómo y con qué reglas claras.

Dato del “Encuentro Binacional de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial”:

Día 16 de abril en el Auditorio del Diario Rio Negro, en la calle Sarmiento y 9 de Julio, desde las 8.30 hasta las 13.30 h

Está dirigido a organismos gubernamentales, académicos, empresas y profesionales del sector.

Los cupos son limitados y se requiere una pre-inscripción previa a través  del link: https://bit.ly/EBCannabis

La actividad es gratuita y de modalidad presencial

Más información: [email protected]

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