Radiografía FADA: producir trigo hoy implica perder dinero antes de pagar impuestos

La presión fiscal y el shock de costos global ponen en jaque la sustentabilidad del sistema agrícola argentino

La entrevista completa a la economista María Luz Silvetti que desmenuza los factores detrás de este fenómeno y advierte sobre un punto de inflexión que podría redefinir decisiones productivas en el corto plazo. Disponible en www.agrovalle.com.ar y todas nuestras plataformas de audio.

Un índice que expone la presión estructural

El Índice FADA mide la participación del Estado sobre la renta agrícola, es decir, el resultado económico que queda luego de descontar todos los costos de producción, comercialización y transporte.

“De cada 100 pesos que genera una hectárea agrícola, 62,5 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales”, explicó Silvetti.

La cifra no es estática: representa un incremento de más de seis puntos respecto a la medición de diciembre. La razón, según detalla la especialista, responde a una doble dinámica: por un lado, el aumento de costos que reduce la renta; por otro, la actualización de tributos a nivel provincial y municipal, que incrementa el peso relativo de la carga fiscal.

El resultado es claro: una renta más chica sobre la cual los impuestos pesan cada vez más.

Geopolítica y costos: el impacto silencioso del conflicto internacional

Uno de los elementos más disruptivos de este informe es la incidencia directa de factores globales sobre la economía local.

El conflicto en Medio Oriente y las tensiones en el estrecho de Ormuz un punto estratégico por donde circula una porción significativa del comercio mundial del 20% del petróleo mundial el 25 del gas y el 50 de la urea impactaron de lleno en el costo de la urea, el principal fertilizante utilizado en Argentina.

“El aumento de la urea repercute directamente en los costos de producción, especialmente en cultivos como el trigo”, señaló Silvetti.

Este fenómeno deja en evidencia una vulnerabilidad estructural: la fuerte dependencia del modelo agrícola argentino de insumos importados, altamente sensibles a shocks externos que el país no controla.

Trigo: el síntoma más crítico del sistema

Si el promedio ya es elevado, el caso del trigo marca un punto de quiebre.

“El índice FADA en trigo alcanza el 100,4%. Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada. El resultado económico no alcanza siquiera para cubrir los impuestos”, advirtió la economista.

En términos prácticos, esto configura un escenario de inviabilidad económica. Producir no solo deja de ser rentable: implica perder dinero antes incluso de cumplir con las obligaciones fiscales.

De cara a la próxima campaña, este dato adquiere una dimensión estratégica. Las decisiones de siembra ya comenzaron a definirse, y el encarecimiento de los fertilizantes introduce un nivel de incertidumbre que podría traducirse en una retracción del área sembrada.

El peso de los impuestos y el margen de acción

Frente a este escenario, Silvetti plantea con claridad el impacto de uno de los principales instrumentos fiscales: los derechos de exportación.

“Si se eliminaran, el índice FADA en trigo pasaría de 100,4% a 69,9%”, explicó.

Aunque seguiría siendo elevado, el dato revela la incidencia determinante de este tributo en la ecuación económica del

productor. Desde la mirada de FADA, se trata de un impuesto “distorsivo”, que desalienta la producción, la inversión y el empleo.

Un sistema tensionado en todos sus niveles

El análisis no se agota en la Nación. Las provincias y municipios también incrementan su participación, especialmente a partir de actualizaciones impositivas a comienzos de año.

Las diferencias regionales reflejan estructuras de costos diversas, pero con un denominador común: la presión creciente sobre la renta. En provincias como Entre Ríos, el índice supera ampliamente el promedio nacional, mientras que otras jurisdicciones presentan valores levemente inferiores, aunque igualmente elevados.

A esto se suma un factor logístico determinante: el costo del flete.

“A medida que nos alejamos de los puertos, la participación del transporte en los costos aumenta significativamente”, explicó Silvetti. En el caso del maíz, puede representar entre el 20% y el 24% de los costos totales según la región.

¿Un modelo sostenible?

La pregunta de fondo es inevitable.

“No creo que sea sostenible un sistema donde más del 60% de la renta se destina a impuestos”, afirmó la economista.

La afirmación adquiere mayor peso si se considera que el agro constituye el principal motor exportador del país. En el caso del trigo, alrededor del 70% de la producción se destina a mercados externos.

En este contexto, la presión fiscal no solo afecta la rentabilidad individual de los productores, sino que también condiciona el desempeño macroeconómico de la Argentina.

Decisiones en pausa y un futuro incierto

El escenario abre interrogantes sobre el comportamiento productivo hacia adelante.

“Habrá que ver cómo impacta esto en la toma de decisiones y cómo evoluciona el contexto internacional”, señaló Silvetti.

La combinación de costos en alza, incertidumbre global y presión impositiva podría derivar en cambios en la estrategia productiva, e incluso en procesos de concentración que afecten especialmente a pequeños y medianos productores.

El informe de FADA no solo describe una coyuntura adversa: expone los límites de un sistema productivo tensionado entre variables que no controla y estructuras internas que no se corrigen.

El trigo, hoy en zona crítica, funciona como señal de alerta. No es un caso aislado, sino la manifestación más extrema de un modelo que comienza a mostrar signos de agotamiento.

En este escenario, la pregunta ya no es solo cuánto produce el agro argentino, sino en qué condiciones puede seguir haciéndolo.

La entrevista a la lic. María Luz Silvetti, se encuentra disponible en todas nuestras plataformas de audio.

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