Norte neuquino en plena trashumancia: crianceros trasladan sus majadas hacia la invernada

Con la llegada del otoño, crianceros del norte de Neuquén inician el retorno desde las veranadas hacia los campos bajos. El tránsito de animales en rutas y caminos rurales obliga a extremar precauciones.

En el norte neuquino, la trashumancia atraviesa uno de sus momentos más sensibles del ciclo anual. Con el avance del otoño y las primeras señales del invierno cordillerano, las familias crianceras comienzan el descenso desde las veranadas hacia las zonas de invernada, un proceso que ya se hace visible en rutas y caminos de la región.

Lejos de ser un dato menor, este movimiento responde a una lógica productiva estricta: evitar las condiciones extremas de la montaña durante el invierno. Las nevadas, el descenso térmico y la escasez de forraje obligan a trasladar los animales hacia tierras más bajas, donde pueden resguardarse y sostener el ciclo reproductivo.

El calendario es claro. Entre fines de marzo y abril se intensifican estos arreos “campo abajo”, con majadas completas desplazándose durante días por huellas, rutas provinciales y caminos rurales.

Se trata de una postal recurrente, pero no por ello menos compleja: animales en tránsito, jinetes guiando el arreo y vehículos que deben adaptarse a una dinámica completamente ajena a la lógica vial urbana.

Desde organismos provinciales y actores del territorio advierten que este período exige máxima responsabilidad al volante. La convivencia entre tránsito productivo y circulación vehicular configura un escenario de riesgo concreto, especialmente en horarios de baja visibilidad o en tramos sinuosos.

Reducir la velocidad, evitar maniobras bruscas y respetar el ritmo del arreo no es solo una recomendación: es una condición indispensable para prevenir accidentes.

Pero la escena trasciende lo vial. La trashumancia es, en esencia, un sistema productivo profundamente adaptado al territorio. Un modelo que articula clima, geografía y saberes acumulados durante generaciones. En este tiempo del año, además, se inicia una fase

clave: la invernada, donde los animales atraviesan procesos reproductivos y se define buena parte de la productividad futura.

En ese sentido, el descenso no es un simple traslado: es una decisión estratégica dentro de un sistema ganadero de alta complejidad.

Mientras las majadas avanzan lentamente hacia los campos bajos, el norte neuquino vuelve a ofrecer una escena tan ancestral como vigente.

En cada cruce de ruta, la advertencia es clara: no es ganado suelto, es producción en movimiento. Y entenderlo y respetarlo es también parte de sostener la ruralidad.

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