Forrajes de verano bajo riego: el eslabón estratégico que empieza a consolidarse en el Alto Valle

En una región donde la ganadería aún construye su escala y estructura comercial, la producción forrajera bajo riego aparece como un pilar técnico ineludible. La ingeniera agrónoma Laura Villar, del INTA, analizó el escenario actual, las limitantes y el horizonte productivo.

Audio de la entrevista a la ingeniera agrónoma Laura Villar, del INTA

Una jornada que refleja un proceso más profundo

El próximo 11 de marzo, en la Facultad de Ciencias Agrarias de Cinco Saltos, se desarrollará una jornada a campo sobre cultivos forrajeros de verano bajo riego, organizada en articulación entre el INTA Alto Valle, la Universidad Nacional del Comahue y la Subsecretaría de Producción de Neuquén.

Pero más allá de la agenda puntual, el encuentro expone una transformación silenciosa: chacras en transición desde la fruticultura hacia esquemas forrajeros y, en algunos casos, hacia modelos mixtos con ganadería.

“Es un espacio tripartito de experimentación donde vamos a mostrar remolacha forrajera, maíz forrajero —una variedad desarrollada en la Facultad— y un cultivo de moha”, explicó Villar. La modalidad será eminentemente práctica, con recorridas por postas y observación directa del pastoreo en la majada de la institución.

La señal es clara: el forraje dejó de ser un complemento para convertirse en eje estructural.

Maíz, moha y una apuesta incipiente: la remolacha forrajera

En el Alto Valle, el maíz forrajero es hoy el cultivo de verano más difundido, aunque aún en fase de expansión. A su lado, la moha y el mijo avanzan por su elevada producción de materia seca, aun cuando su calidad nutritiva es inferior.

La novedad técnica es la remolacha forrajera, todavía incipiente, pero con resultados promisorios. “Se siembra en verano y se aprovecha en otoño-invierno. Produce materia seca tanto en hoja como en raíz, y la raíz funciona prácticamente como un concentrado energético”, detalló la especialista.

El esquema de aprovechamiento puede ser directo mediante pastoreo o mediante cosecha y conservación de la raíz, lo que permite disponibilidad durante varios meses invernales.

Comparada con la alfalfa —que continúa siendo la base forrajera regional—, estos cultivos permiten diversificar y rotar, generando mayor estabilidad en la oferta alimenticia.

El verdadero cuello de botella: servicios y escala

Villar introduce un punto crítico que suele quedar fuera del debate técnico: la infraestructura de servicios.

“La principal limitante no son errores de los productores, sino la falta de servicios de cosecha y maquinaria acorde a las superficies que se manejan en la zona”, señaló.

En establecimientos pequeños y medianos, donde la ganadería está en etapa inicial, la ausencia de contratistas o equipamiento propio complica la eficiencia del sistema. El maíz puede pasarse de punto óptimo o perderse por falta de cosecha oportuna.

La jornada incluirá, precisamente, una demostración de cortapicadora de menor escala para silaje, una herramienta adaptada a realidades productivas intermedias.

Innovación tecnológica: del silaje al dron

La incorporación de tecnología no es retórica. Durante la jornada se presentará también la siembra de pasturas mediante dron, una práctica que comienza a difundirse en determinados perfiles productivos.

Este tipo de herramientas, junto a la capacitación interinstitucional, buscan cerrar la brecha entre investigación y aplicación.

“Estamos armando instancias donde el productor puede ir a preguntar, aprender e intercambiar. También nosotros aprendemos”, afirmó Villar, subrayando la necesidad de construir masa crítica técnica en una actividad aún en consolidación.

Ganadería regional: producción sí, comercialización pendiente

El análisis de la ingeniera adquiere profundidad cuando aborda la estructura comercial.

“El manejo forrajero es fundamental, pero la ganadería tiene una pata muy floja que es la faena”, advirtió.

La existencia de un único frigorífico para rumiantes menores en Añelo genera un obstáculo logístico y económico considerable para pequeños productores del Alto Valle. El traslado encarece costos y desalienta la formalización.

El resultado es una oferta estacional e informal que limita el desarrollo comercial sostenido.

En este contexto, la producción forrajera bajo riego es condición necesaria, pero no suficiente.

Profesionalizar desde la base: suelo y agua

Ante la consulta sobre por dónde comenzar, Villar fue categórica: “Suelo y agua”.

Conocer el tipo de suelo, el caudal disponible y la modalidad de riego condiciona la elección del cultivo. Luego aparecen los requerimientos de maquinaria y mano de obra, especialmente en cultivos como la remolacha, cuyo manejo se asemeja al hortícola.

La ventaja comparativa de muchas chacras del Alto Valle es que ya cuentan con infraestructura de riego y maquinaria heredada de la fruticultura o la horticultura.

Esa base puede convertirse en plataforma para una reconversión productiva técnicamente sólida.

Un proceso en construcción

La producción forrajera bajo riego en el norte patagónico no es todavía un modelo consolidado, sino un proceso en evolución. Existen productores de vanguardia que ya resolvieron escala y logística, pero también numerosos pequeños y medianos establecimientos que atraviesan su etapa inicial.

La articulación entre el INTA Alto Valle, la Universidad Nacional del Comahue y la provincia de Neuquén busca precisamente acelerar esa curva de aprendizaje.

En una región donde el agua es un activo estratégico, producir el propio alimento animal bajo riego no es simplemente una decisión técnica: es una apuesta a la autonomía productiva.

El desafío ahora es que esa autonomía encuentre también su correlato en infraestructura, servicios y mercado.

Contacto:
TE: 2994685284

Día y horario: 11 de marzo de 8.30 a 13hs
Actividad gratuita con inscripción previa por este link: https://forms.gle/aXcY2wYE1zWrnFgC8 Lugar: Cinco Saltos en Facultad de Cs. Agrarias: Ruta 151 Km 12.5 – cuadro 9

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