China avanza en la auditoría sanitaria y el SENASA asegura que la fruta de carozo argentina está en condiciones de exportar

La visita técnica del organismo sanitario chino dejó una evaluación positiva del sistema argentino. No habrá aperturas automáticas, pero sí un camino claro: protocolos, ajustes y un mercado exigente que podría redefinir el futuro del carozo.

La posible apertura del mercado chino para la fruta de carozo argentina dio un paso clave en enero, con la visita técnica de inspectores de la Administración General de Aduanas de la República Popular China a las principales regiones productoras del país. La delegación recorrió establecimientos de Buenos Aires, Mendoza, Río Negro y Neuquén, con foco en ciruelas, duraznos, damascos y nectarines.

“Vinieron a ver las plantaciones, la fruta en planta y los controles que se hacen sobre plagas de interés cuarentenario, pero también recorrieron empaques y frigoríficos para evaluar la trazabilidad desde el campo hasta el embarque”, explicó José Esparza, supervisor de protocolo de sanidad vegetal del SENASA, en diálogo con Agrovalle.

Patagonia bajo la lupa

El recorrido comenzó en San Pedro, continuó en Mendoza y tuvo su tramo final en la Patagonia, donde los técnicos chinos visitaron establecimientos productivos y de empaque en Río Negro. Según Esparza, el objetivo fue claro: verificar cómo se maneja el riesgo sanitario en regiones con presencia de determinadas plagas que China considera sensibles.

“Hay un pool de plagas de interés cuarentenario, como cochinillas, enfermedades como monilia, algunos virus, que están presentes en nuestro territorio. Ellos vienen a evaluar qué tan riesgoso es ese escenario y cómo se maneja”, detalló.

No es una auditoría final, pero sí un paso decisivo

Desde el SENASA aclaran que no se trató aún de una auditoría formal de habilitación, sino de una visita técnica de verificación, una instancia habitual en cualquier proceso de apertura de mercados.

“Estas visitas sirven para definir qué plagas van a priorizarse y, a partir de ahí, avanzar en un protocolo de trabajo. Recién después se establecen las pautas que deben cumplir productores, empaques y el propio SENASA para certificar exportaciones”, explicó Esparza.

La trazabilidad, un punto fuerte del sistema argentino

Uno de los aspectos mejor valorados por la delegación china fue el sistema de trazabilidad, que Argentina ya aplica en otros mercados de exportación.

“Es el mismo esquema que usamos para fruta de pepita o destinos como Brasil: registro del productor en el RESPA, identificación del lote, fecha de cosecha, número de cuadro, ingreso al empaque, asignación de lote y seguimiento hasta el embarque”, describió el técnico.

Esa información es la base sobre la cual el SENASA toma muestras, analiza la presencia o ausencia de plagas y, si corresponde, emite el certificado fitosanitario.

¿Está Argentina a la altura de China?

Desde la experiencia técnica, la respuesta es afirmativa. Esparza recordó que Argentina ya exporta cerezas a China, bajo un protocolo sanitario exigente, y que muchas de las plagas observadas son comunes a otros cultivos.

“El sistema sanitario argentino está en condiciones. Es factible avanzar en la apertura para frutas de carozo”, sostuvo, aunque aclaró que siempre pueden existir ajustes.

Ajustes, pero no una barrera infranqueable

Para el técnico del SENASA, el sector productivo regional cuenta con experiencia suficiente en planes de trabajo de exportación. De abrirse el mercado, el desafío será adaptarse a reglas específicas.

“Habrá que capacitar, explicar cuáles son las reglas del juego, pero no veo que esto implique costos significativos adicionales para el productor. En muchos casos se trata de registros, monitoreos y cumplimientos que ya se hacen”, explicó.

En ese sentido, descartó que se trate de un negocio reservado solo para grandes jugadores. “No lo veo como una imposibilidad para productores o empaques de la región. Dependerá del interés comercial y de cumplir los lineamientos del plan de trabajo”, señaló.

El rol clave del laboratorio regional

Un punto estratégico destacado fue el funcionamiento del laboratorio de referencia del SENASA en Villa Regina, que permite acelerar diagnósticos y certificaciones.

“Antes teníamos que enviar muestras a laboratorios centrales, con demoras importantes. Hoy el laboratorio regional es fundamental para agilizar los procesos”, subrayó.

Lo que viene: tiempos, protocolos y paciencia

El informe final de la visita será elevado al SENASA central y publicado por el organismo chino. A partir de allí podrían surgir observaciones o medidas correctivas, especialmente vinculadas a inocuidad y uso de plaguicidas.

“La apertura no es automática. Después viene la redacción y firma del plan de trabajo, donde se fijan responsabilidades del productor, del empaque, del exportador y del SENASA. Es un proceso que puede ser más o menos rápido, pero lleva su tiempo”, aclaró Esparza.

China: oportunidad real, no promesa fácil

Para el SENASA, la visita china es un paso más, pero uno de los más relevantes en una negociación de largo plazo.

“Que hayan venido, que recorran el sector productivo y entiendan cómo trabajamos, es fundamental para avanzar”, concluyó Esparza.

Para la fruticultura argentina, y especialmente para la Patagonia, China aparece como una oportunidad concreta, aunque exigente. No es una solución inmediata ni automática, pero sí un mercado que obliga a profesionalizar, ordenar y sostener estándares. En un contexto donde exportar dejó de ser una opción y pasó a ser una necesidad, cada paso técnico cuenta.

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