La carne en debate: por qué subió el precio, qué pasa con el consumo y cuáles son las claves del futuro ganadero

Tras las recientes subas en el precio de la carne vacuna, el presidente de CICCRA, Miguel Schiaretti, explicó las razones estructurales detrás de los aumentos, relativizó su impacto inflacionario y planteó un camino posible para recuperar producción sin descuidar el mercado interno.
Entrevista: presidente de CICCRA, Miguel Schiaretti
El precio de la carne volvió a ubicarse en el centro de la escena económica y social argentina. En las últimas semanas, distintos cortes registraron aumentos generando preocupación en los consumidores y reavivando el debate sobre inflación, consumo y oferta ganadera. Para entender qué está pasando y qué puede esperarse hacia adelante, el presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), Miguel Schiaretti, trazó un diagnóstico profundo del sector.
Según explicó, el aumento reciente no responde exclusivamente a factores coyunturales como las fiestas de fin de año, sino a un problema estructural que arrastra la ganadería argentina desde hace al menos tres años. “En 2023 tuvimos una sequía enorme que nos hizo perder cerca del 4,5% del stock ganadero. En 2024 no hubo sequía, hubo exceso de agua, y en 2025 estamos viendo nuevamente lluvias por demás. Todo esto altera de manera muy significativa la producción ganadera”, señaló.
Menos hacienda, menos oferta y precios en alza
Schiaretti detalló cómo el ciclo productivo de la ganadería impacta directamente en la disponibilidad de carne. La menor cantidad de terneros nacidos en los últimos años se traduce hoy en menos animales terminados para faena. “Hace tres años que tenemos menos animales. Eso significa menos oferta ganadera, menos carne disponible para carnicería y, cuando cae la oferta, indefectiblemente suben los precios”, explicó.
En ese marco, aclaró que el incremento registrado en noviembre y diciembre es de carácter estacional. “No es que sube porque son las fiestas. Sube porque en esta época del año se están terminando los animales del ciclo anterior”, afirmó.
Consultado sobre la posibilidad de una baja en los valores, fue claro: “No creo que vaya a bajar. En la Argentina, cuando los precios se acomodan en un nivel, es muy difícil que retrocedan. Lo que sí puede pasar es que haya algún aumento más cerca de Navidad y luego una estabilización durante cuatro, cinco o seis meses, como ocurre habitualmente”.
Impacto limitado en la inflación
Uno de los puntos centrales del análisis de CICCRA es el peso real que tiene la carne en la inflación general. Schiaretti relativizó el impacto de los últimos aumentos y aseguró que su incidencia en el índice de precios al consumidor es marginal. “Un aumento del 10% en el precio del animal impacta apenas un 0,5% en el IPC. No hay inflación porque aumentó la carne”, subrayó.
Además, recordó que, aun con las subas recientes, la evolución del precio de la carne vacuna se mantiene por debajo de la inflación general acumulada.
Consumo: cae la carne vacuna, no el consumo de carnes
En cuanto al consumo interno, el titular de CICCRA aportó una mirada clave para entender el cambio de hábitos de los argentinos. En los últimos meses, la caída de las exportaciones permitió una leve recuperación del consumo interno, que hoy ronda los 49 kilos por habitante al año. Sin embargo, aclaró que la discusión no debe centrarse solo en la carne vacuna.
“Cuando se dice que cayó el consumo de carne, en realidad lo que cayó es el consumo de carne vacuna. En términos totales, hoy consumimos mucha más carne que hace diez años”, explicó. Y ejemplificó: a comienzos de la década pasada se consumían entre 63 y 65 kilos de carne vacuna, pero apenas 7 kilos de pollo y 3 kilos de cerdo. Hoy, sumando todas las carnes, el consumo total es casi un 30% mayor.
Este cambio responde, en gran medida, a la mejora en la productividad de las carnes alternativas. “La revolución genética en el pollo y el cerdo permitió producir más carne, en menos tiempo y con menos alimento. Con el valor de un kilo de carne vacuna, hoy se pueden comprar tres kilos y medio de pollo o dos kilos y medio de cerdo”, explicó.
Exportaciones, logística y competencia global
Respecto del vínculo entre exportaciones y mercado interno, Schiaretti descartó tensiones. “La Argentina consume entre el 70% y el 75% de la carne que produce. Solo se exporta entre el 25% y el 30%. No hay una presión fuerte sobre el abastecimiento local”, afirmó.
En el plano internacional, destacó que Argentina compite con grandes jugadores como Brasil, Uruguay, Australia, Nueva Zelanda y Chile, en un escenario de fuerte competencia global. En logística, reconoció que se trata de una cadena compleja, con grandes distancias entre producción, frigoríficos y puertos, aunque aclaró que es un esquema que el sector viene manejando desde hace décadas.
La clave: más peso de faena y financiamiento
Mirando hacia adelante, Schiaretti fue cauto con las proyecciones, principalmente por la incidencia del clima. Actualmente, el stock ganadero es entre un 6% y un 7% menor al de hace tres años, lo que implica menos producción de carne. Sin embargo, planteó una alternativa concreta para revertir la situación sin necesidad de aumentar rápidamente el número de animales.
“La Argentina necesita aumentar el peso de faena. Si el productor pudiera quedarse seis meses más con los animales y sumar 50 kilos por res, podríamos producir 600 mil toneladas adicionales de carne, un 20% más de lo que producimos hoy”, explicó.
Para lograrlo, consideró clave la participación del Estado a través de financiamiento específico. “Hace falta crédito a valor producto, con tasas razonables del 3% o 4%. Eso le daría previsibilidad al productor y permitiría aumentar la producción en dos o tres años”, concluyó.
El debate por el precio de la carne vuelve a mostrar que detrás de cada aumento hay procesos productivos largos, decisiones estructurales y desafíos históricos. En un país donde la carne sigue siendo un símbolo cultural y económico, el futuro del sector parece depender menos de controles coyunturales y más de políticas que apunten a productividad, financiamiento y previsibilidad.








