Máximo Daga

La decadencia de la fruticultura

(Por Máximo Daga).-

Es muy difícil precisar cuándo comenzó la debacle de la principal producción de Río Negro y una de las más importantes de Neuquén. Lo que sí está claro, es que desde hace años vemos cómo se viene abajo esta actividad ¡Qué lejos quedaron aquellos tiempos en los que un productor vivía dignamente con sólo cinco hectáreas! Para no irnos tan atrás a las décadas del 70-80, el análisis se basará principalmente en los últimos veinte años de la fruticultura. Tampoco es novedad que esta crisis dejó de ser solamente propiedad de los postergados productores primarios, para abarcar a los empacadores y exportadores, sean tanto de origen nacional como multinacionales.

¿A qué se debe esta pérdida constante? A muchísimos factores, algunos de los cuales serán enumerados en estas líneas.

Si comenzamos el estudio por los productores, no hay dudas de que siempre fueron los más postergados en este negocio, empezando por esa forma insólita de entregar la fruta sin precio a los empacadores-exportadores a la espera de una liquidación extendida a lo largo del año, funcionando como la variable de ajuste cuando el negocio no es rentable para los comercializadores y participando de manera casi marginal en los años de expansión.

Pero no solamente el problema de estos productores tienen que ver con esa forma de comercializar, sino por la inacción del estado, tanto nacional como provincial. Un sistema político que pasó primero de los aportes para reconversión frutícola a los cuales nunca se hizo un seguimiento, a los subsidios como único mecanismo de aporte. Nunca se metió en las operaciones entre el productor y el empresario. Todo esto fue expulsando del sistema a los productores independientes, cansados de los abusos comerciales, de que los gobernantes no los escuchen ó no aporten soluciones, sumado a las tentaciones de vender sus tierras para loteos residenciales ó para el sector petrolero. Cómo ejemplo de esto, una ciudad emblema de la fruticultura cómo Cipolletti, según algunos datos, hoy sólo cuenta con 50 de esos productores.

Ahora bien, no sólo esta problemática afecta a los productores, hace unos años que también viene extirpando a comercializadores. Para tener una idea veamos algunos números relacionados con esto:

En los últimos años de la convertibilidad (1998-2001) se exportaban por puerto de San Antonio entre 320.000 y 400.000 toneladas de frutas, principalmente peras y manzanas, con un leve incremento en el año 2002, devaluación mediante. Es a partir de 2003 y durante todo el gobierno de Néstor Kirchner en donde el aumento en las exportaciones es significativo, pasando a cargar entre 450.000 y 500.000 toneladas con un pico en el 2005 de 550.000 tn., siempre hablando del mismo puerto Rionegrino. Eran años en los que se contó con un tipo de cambio competitivo y estable que favoreció la producción, una inflación baja y un contexto internacional favorable en los cuales Rusia pasó a ser el principal comprador de ultramar.

En los años 2008 y 2009 se mantuvieron las cantidades exportadas de los cinco años previos. Pero a partir del 2010 empezó la caída en forma progresiva hasta alcanzar sólo las 220.000 toneladas en las dos últimas temporadas. Ya no estamos hablando de los números de la convertibilidad, sino de casi la mitad de lo cargado a fines de los ´90 y principios del 2000.

Esta disminución se dio por una alta inflación, aumentos constantes de insumos tanto en pesos como en dólares, suba de fletes internos, salarios, etc., lo que hace que no seamos competitivos frente a nuestros competidores en mercados de exportación, a donde normalmente no hay mucha fluctuación en los precios de compra. Estas son algunas de las causas sumadas a caídas de mercados. El Bloqueo de Rusia en Agosto de 2014 a las importaciones de productos agroalimentarios de Unión Europea, Usa, Canadá, Australia y Noruega; y la consiguiente devaluación a principios del 2015 desencadenó en una sensible baja en el poder de compra de los Rusos, medido en dólares. Este bloqueo, además trajo otro problema, el sobre stock de frutas en países de la Unión Europea que antes abastecían a Rusia lo que provocó y provoca menos compras Europeas. También la inestabilidad de Brasil, sumado a que en Marzo de 2015 trabó el ingreso de fruta argentina por tres meses como una medida sanitaria por ingreso de carpocapsa, endureciendo hoy en día los controles para evitar esa plaga. Además como fue mencionado anteriormente, el boom petrolero durante una década hizo cambiar de actividad a algunos empresarios y productores. Estos son algunos de los puntos que lleva a la baja de calidad en la fruta, por pérdida de rentabilidad más las constantes heladas y/ó granizo genera que no se vayan haciendo las tareas culturales.

¿Y los gobiernos? Bien, gracias. El nacional saliente se ocupó de su pelea con la soja y otras cosechas gruesas y dejó a la fruticultura en manos de funcionarios de terceras líneas sin poder de decisión, y de referentes provinciales con relaciones con algún exportador, pero también con poco margen de maniobra. El gobierno entrante sigue en la misma línea. La baja de las retenciones fue un mero maquillaje que no incide en nada en el negocio, compensado ahora con la quita de reembolsos por puertos patagónicos, de sólo una temporada de duración. Y cuando se pedía un tipo de cambio alto, el mismo ya se licuó por la inflación. Los provinciales, Neuquén abocado al petróleo y al gas. El gobierno de Río Negro siguiendo la tónica de su antecesor, ocupado básicamente en ver cómo pagar los sueldos de su majestuosa estructura provincial, con continuos cambios en la secretaría de fruticultura y Ministerio de Agricultura, y no con un plan a fondo para sostener a la actividad que genera la mayor mano de obra de la provincia.

Todo este cóctel, hace que el sueño que tenían nuestros abuelos con respecto a la fruticultura quede sólo en eso.

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